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Jo Labanyi – Historiadora

Jo Labanyi – Historiadora

Foto proporcionada por Jo Labanyi

Acabo de cumplir los 70 años. Soy inglesa, y muy a regañadientes. Hace unos 10 años, después de una carrera académica en Inglaterra, me mudé a la University of New York, donde estoy muy a gusto. Me he especializado en la historia cultural de la España moderna: literatura, cine, cultura visual, espacio urbano, estudios de género, memoria. Viajo con frecuencia a España, donde tengo una casa en un pueblo de la Alpujarra Baja desde hace 30 años. He llegado al estudio de las emociones a través del estudio de la memoria, que por definición implica una postura emocional. Insisto en las emociones como una forma de saber, como una práctica de la vida cotidiana, como la prueba de que la experiencia es relacional.

“La emoción es un tipo de pensamiento porque indica un alto grado de autoconciencia”

Jo Labanyi nos ayuda a adentrarnos en el apasionante mundo de las emociones. Una reacción que se produce con el roce entre el nosotros y el mundo. Como experta en emociones y en cultura española, hablamos con ella de las emociones en cuestión de género y damos un repaso a la situación política actual, vinculada a las emociones también. Según ella, “la ‘mentalidad colmena’ supone sacrificar las emociones a la comodidad y la inercia”. También hablamos con ella sobre cómo influyen las diferentes lenguas en las emociones. “Si diferentes idiomas dividen las experiencias emocionales en categorías distintas, será por razones culturales”. Jo Labanyi y otras expertas se hacen la gran pregunta ¿Qué va antes, el cuerpo –acción – o la decisión? Labanyi ha publicado junto a Pura Fernández el libro “Engaging the Emotions in Spanish Culture and History”.

Según sus propias palabras, defina emoción.

Una pregunta difícil, puesto que no existe una sola definición.  El uso de la palabra, que sólo se introduce en las primeras décadas del SXIX, ha evolucionado con el tiempo. Cuando la palabra se introduce en la época romántica, es para describir unos sentimientos interiores que se suponen espontáneos y que revelan la esencia del yo. Actualmente, las emociones se consideran como sentimientos que se producen en el encuentro del yo con el mundo, con una dimensión social e incluso política importante. Técnicamente, “emoción” se puede distinguir de otros términos afines como “sentimiento”, “sensación” y “afecto”, pero no me parece muy útil hacerlo, puesto que las definiciones estrictas siempre producen problemas por ser excluyentes.

¿Se podría decir que eres una pensadora de las emociones?

No realmente. Me defino como historiadora de la cultura, especializada en la España moderna. Me intereso por el tema de las emociones, entre otras cosas.

¿Las emociones son impulsos y los sentimientos son impulsos unidos a pensamientos? Diferencia entre emoción y sentimiento.

Si vamos a distinguir, sería más bien al revés. Los sentimientos son más vagos y menos definidos. Si sentimos una emoción significa que podemos darle un nombre: miedo, alegría, vergüenza, etc. En este aspecto, el sentimiento está más cerca de una sensación (una reacción producida por los sentidos, que son propiedades corporales). La emoción tiene una dimensión autoreflexiva porque le podemos poner un nombre. La emoción es un tipo de pensamiento porque indica un alto grado de autoconciencia. La crítica cultural anglo-paquistaní Sara Ahmed, en su libro The Cultural Politics of Emotions, insiste en que las emociones son formas de pensar porque se orientan hacia algo, tienen un objetivo: sentir miedo ante o hacia algo o alguien significa expresar una opinión sobre este fenómeno o persona.

¿Los hombres y mujeres sentimos distinto?

Bueno, esto significaría creer en lo masculino y lo femenino como esencias. Pero evidentemente las mujeres y los hombres reciben una educación diferente (la cual varía según el lugar y momento histórico), y todas las sociedades asocian ciertos valores con la mujer y otros con el hombre. En la cultura occidental moderna se ha asociado a la mujer con la capacidad de sentir, y al hombre con la capacidad de pensar. Ya he comentado que las emociones son formas de pensar, así que esta oposición binaria no funciona. Por supuesto que los hombres sienten; pero en la cultura occidental moderna los hombres han sido educados para suprimir las emociones, para mantener la ilusión de que son superiores a las mujeres por no emocionarse y por ser supuestamente objetivos.

¿Y los niños y adolescentes?

Tampoco quisiera suponer que todos los niños y todos los adolescentes sienten de la misma manera. Pero existe el desarrollo físico, y los niños y los adolescentes son tratados de una manera específica en distintas culturas. Hay que recordar que, en el mundo occidental, la infancia es otro invento moderno. Antes del s.XVIII se veía a los niños más bien como adultos imperfectos, y los niños participaban en la vida de los adultos (incluyendo el trabajo, que antes de la modernización se llevaba a cabo en el hogar), sin consignarlos a espacios específicos y suponer que debían ser protegidos de la vida adulta.

El hecho de que afecto, emoción o fracaso, tengan otras terminologías o significados en otros idiomas ¿Hace que nuestra manera de percibir las cosas sea distinta?

Esto es un tema que me fascina pero es difícil probarlo de manera concreta. Por ejemplo, la palabra “afecto” en español no significa lo mismo que “affect” en inglés, aunque antes del s.XIX “affect” en inglés era sinónimo de “afecto” en español. Efectivamente, hay “regímenes emocionales” distintos en diferentes culturas. Los países de tradición católica, por ejemplo, están acostumbrados a unos ritos sumamente expresivos y sensoriales, mientras que los países de tradición protestante tienen una sociabilidad mucho menos expresiva y tienden a desconfiarse de lo sensorial. Creo que es una cuestión cultural más que lingüística, es decir, si diferentes idiomas dividen las experiencias emocionales en categorías distintas, será por razones culturales.

En algunas culturas está mal visto expresar las emociones…

Evidentemente – me imagino que en casi todas las culturas, si no en todas, está mal visto expresar ciertas emociones. Pero las emociones tabú son diferentes en distintas culturas. Has mencionado el fracaso. En la cultura norteamericana, saturada por “el sueño americano” que supone que todos pueden alcanzar la felicidad por su propia iniciativa, el fracaso es muy difícil de aceptar. En las culturas de tradición católica tengo la impresión de que el fracaso es más llevadero, porque existe una institución – la confesión – donde puedes hablar de tus fallos y que hace suponer que fallar es normal. Esto a veces se ha considerado como signo de fatalismo o resignación; pero creo que es otra cosa.

Ahora estamos en una época confusa en que los aparatos tecnológicos crean individualización, sin embargo por otra parte están surgiendo fuertes movimientos colectivos ¿Cómo afrontamos este choque de emociones individuales y colectivas? La necesidad del “yo” vs el activismo colectivo.

Bueno, creo que esto es una oposición binaria falsa, puesto que el yo se constituye socialmente. Como mencioné arriba, el concepto romántico de las emociones como la esencia de nuestro ser ha sido remplazado en las últimas décadas por el concepto de las emociones como producto de nuestro roce con el mundo. Por eso, en el libro colectivo que acabo de publicar con Elena Delgado y Pura Fernández hemos querido enfatizar el papel social de las emociones, incluyendo el papel de las emociones en la vida política. Lo que sí es nuevo es la aceptación de parte de los nuevos movimientos sociales, de la política y el activismo como esferas donde las emociones son importantes. Se ha acabado la idea de que la política es el terreno de lo objetivo. Aunque no lo ha sido nunca, por supuesto.

¿Es la empatía lo que genera emociones colectivas? Además del hecho de que el ser humano es un ser social.

Precisamente los nuevos movimientos sociales dan mucha importancia a la empatía. En cierto sentido, esto supone un retorno al s.XVIII, donde se suponía que la “simpatía”, la sensibilidad hacia los demás, era la base de la sociabilidad y la vida cívica. Cuando en la época romántica se introduce el nuevo concepto de la emoción como la base del yo, se produce una dicotomía entre emoción (esfera privada) y razón (esfera pública), lo que hace suponer que la vida social y política debe excluir lo emocional. Hay muchos tipos de emociones colectivas – el odio, por ejemplo (algo que analiza muy bien Sara Ahmed en el antes mencionado Cultural Politics of Emotions).

La emoción es tan transversal, subjetiva y abstracta porque todo input genera emoción. Cine, literatura, la cultura, educación, país de origen, televisión etc. Incluso cualquier conversación o momentos del día genera emoción ¿Cómo explicarla?

Bueno, veo la emoción no como un “input”, sino como el producto del roce del yo con el mundo, como ya he dicho. Es el resultado de un “encuentro”. No existe ni en el yo ni en el mundo, sino en el encuentro que se produce entre ambos, por lo tanto, es algo interactivo. Posiblemente las nuevas tecnologías nos han hecho más conscientes de la naturaleza interactiva de nuestra experiencia. Efectivamente, cualquier encuentro del yo con el mundo (con personas, con cosas) genera emoción. El “affect theory”, de moda ahora en la universidad anglosajona, define el “affect” (citando a Spinoza; otro retorno al pasado) como “la capacidad de afectar y de ser afectado”; es decir,”affect” es otra manera de decir “encuentro”.

¿Estos inputs que recibimos “educan” o dirigen la emociones?

Cualquier cultura genera determinados “regímenes emocionales” que valoran positivamente a algunas emociones, y negativamente a otras.

¿Las emociones son efímeras, se olvida fácilmente lo sentido y vivido?

Tampoco se puede generalizar. Freud demostró como algunas emociones fuertes nos afectan de por vida, por mucho que intentamos suprimirlas.

¿Nos cuesta a los españoles hablar de nuestras emociones?

Los españoles son muy sociables y les gusta hablar. Cuando empecé a venir a España en los años 70, tuve la impresión de que los españoles reservaban la expresión de las emociones íntimas al entorno familiar; y que la expresión de las emociones íntimas no formaba parte del concepto de la amistad (lo cual para mí, siendo inglesa, era la norma). Creo que esto ha cambiado ahora y no veo gran diferencia entre España y otros países occidentales.

¿Cómo ve España emocionalmente actualmente?

Pues no me gusta generalizar, no creo en el carácter nacional. Es un concepto que fue muy manipulado por el franquismo, además. Pero creo que en el momento actual la cultura occidental está saturada de emociones. Esto lo ha comentado Eva Illouz en “Cold Intimacies: The Making of Emotional Capitalism”, donde analiza como los medios de comunicación, los reality shows, por ejemplo, invitan a las personas a exponer sus emociones en público, y les premian por hacerlo.

El hecho de que tanto en Catalunya como en el gobierno central se hayan quedado sin mayoría absoluta y tengan que pactar ¿Tiene que ver con las emociones y el desencanto? ¿Nos hemos cansado de la corrupción?

Me parece problemático que, para la gran mayoría de los ciudadanos, la palabra “política” haya llegado a ser sinónimo de lo que hacen los partidos políticos que detentan el poder, y donde la corrupción parece sistémica. La política debe ser una visión de futuro, y esto es lo que parece haberse perdido. El desencanto creo que es con el bipartidismo, y no con la política como tal, por haberse comportado los dos partidos principales como si el poder fuera un feudo al cual tienen derecho y sin tener que rendir cuentas a los ciudadanos. Es una cuestión no sólo emocional, sino de la definición de la democracia.

Con el nacimiento de los nuevos partidos y el éxito que han tenido ¿Es síntoma que es España está despertando y que los ciudadanos reclaman sus derechos y una mejor democracia?

Bueno, no creo que los españoles antes estaban dormidos. Incluso durante los momentos más duros del franquismo los españoles que no se beneficiaron de la dictadura supieron conservar sus propias ideas e ideales, y fueron plenamente conscientes de que el régimen franquista les había quitado sus derechos. Pero sí, evidentemente se está reclamando ahora una democracia responsable, un tipo de gobierno desde la base y no impuesto desde arriba.

España todavía no ha pasado página del todo des del franquismo ¿Crees que una memoria histórica y una nueva Constitución ayudarían a acabar de pasar página?

No sé si es bueno “pasar página” – esto es precisamente lo que quiso hacer la Transición. Olvidarse del pasado y empezar desde cero. Es algo que no se puede hacer, por supuesto, porque el pasado no pasa, sino que deja sus huellas. Creo que se trata más bien de asumir  el pasado, lo cual quiere decir conocerlo y aceptar que se han cometido crímenes contra los derechos humanos. Esto supone que la derecha acepta la responsabilidad de los crímenes de la dictadura, y que la izquierda reconozca que la Segunda Republica, por muy progresiva que haya sido, no fue perfecta.

¿España ha evolucionado emocionalmente desde la democracia?

Todo cambio histórico supone una evolución emocional. Pero la evolución no es lineal (ya he mencionado algunos retornos actuales a conceptos emocionales vigentes en siglos anteriores). Lo más importante quizá sea la implantación del consumismo (el gran acierto del franquismo tardío, que se ha agravado bajo la democracia pero no es un invento del período democrático), lo cual privilegia el deseo de autogratificación inmediata, con la consecuente pérdida de una visión de futuro, y la idea de la obsolescencia, que supone que el pasado hay que tirarlo a  la basura.

Tras lo ocurrido en Bruselas y París ¿Cómo afecta al sentimiento europeo?

Probablemente refuerza la idea de compartir todos las mismas circunstancias (lo que acaba de pasar en Bruselas y París como repetición de los atentados del 11-M en Madrid). Pero esta sensación de compartir un espacio común es el otro lado de la demonización del mundo islámico: una solidaridad basada en el miedo o incluso el odio.

¿Son las emociones lo que conectan a las personas?

Sí, pero también las dividen. Hay que recordar que no todas las emociones son positivas.

¿Cómo influyen las emociones en nuestro cerebro y por lo tanto, en nuestros actos?

Lo más interesante del “affect theory” es que ha demostrado que el mundo externo (personas y cosas) nos impacta de manera corporal antes de que lleguemos a  ser conscientes de ello (la distinción técnica entre “affect” y “emociones” es que el affect es preconsciente y corporal, y las emociones con conscientes y mentales). Incluso se ha demostrado que el cuerpo se pone en movimiento antes de que tomemos de decisión de movernos. Esto da un poco miedo, porque cuestiona hasta qué punto nuestras acciones son intencionales. La historiadora de la ciencia Ruth Leys, que ha criticado el “affect theory”, ha preguntado por qué estamos hoy en día tan interesados en demostrar que nuestros actos no son intencionales. Me parece una pregunta muy pertinente.

¿Son las emociones las que hacen que el ser humano tenga una “mentalidad colmena”?

Más bien creo que la “mentalidad colmena” supone sacrificar las emociones a la comodidad y la inercia.

En todos estos años ¿Qué ha descubierto de las emociones?

El estudio de las emociones, como un campo en las humanidades, es relativamente reciente (remonta a la década de los 90). Creo que lo que más me ha hecho repensar las emociones (no creo haber descubierto nada) es la insistencia actual sobre las emociones como producto del encuentro entre el yo y  el mundo, lo cual quiere decir que las emociones no son propiedades del yo, sino fenómenos sociales.

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